DREAM WITHIN A DREAM WITHIN A DREAM

Eran aproximadamente las 3 de la mañana. Soy estudiante de bachillerato pero mi horario es más bien noctámbulo y empieza cuando todos duermen. Otro día que no dormía, pero ya no podía soportar más reducir mi sueño más de lo que lo había hecho por tres semanas.

Nadie conectado en el MSN, Twitter totalmente desolado y el refrigerador vacío. Prender la televisión a estas horas supone soportar una película porno que ni siquiera es porno o los informeciales salidos del mismísimo averno. ¿Qué podía hacer? Definitivamente mi cansancio se hacía cada vez más presente y mis tareas pendientes no dieron cabida en mis raídos pensamientos.

Sentado en silencio medité... hasta que caí en cuenta que tenía muchísimo sueño. Mi mal estructurado horario me estaba matando lentamente. Desperté de mi estado vegetativo para poner nuevo rumbo hacia la cama y derretirme sobre las sábanas a como cayera.
Me paré, estiré el cuerpo, moví el cuello mientras mis articulaciones crujían y fui hacia las escaleras. El problema es que no vivo solo. Y no puedo hacer ruido a menos que desee sufrir la furia más antropomórfica de Ares. Con cautela y sigilo me tenía que desplazar.

Subí escalón por escalón lentamente, pero no sé qué puto problema tengo en los dedos de los pies que involuntariamente truenan creando una contaminación acústica perfectamente perceptible en el silencio de la noche. Caminando como pingüino defecando alcanzé los últimos escalones sin más problemas. Pero la puerta de la planta superior de la casa estaba cerrada. No es que sea un obstáculo de proporciones dantescas, sino que me depone la idea de que en esta casa nunca nadie cierra las puertas cuando se debe, pero ésa es la única que por mero instinto siempre cierran y que por mera necesidad necesito abierta para agilizarme. 
Y que abro la puerta, empujándola hacia arriba lentamente para evitar cualquier estridencia digna de esas chillonas y viejas bisagras. Lo consigo con éxito y aún más lentamente me voy arrastrando hasta mi cuarto. Arrastrando porque las luces de la calle pintan con mi inquieta sombra toda la casa y en silencio para evitar ser escuchado mientras paso al lado de los cuartos.

Aquí no encuentro problema alguno y llego a mi destino con éxito. Bien. Hasta aquí todo va bien. Ni sigo los tradicionales rituales de ablución personal. Veo la cama y aterrizo cual cápsula del Apollo 11 de regreso a la Tierra.

Y me sumerjo en un profundo sueño.

Hasta que en cosa de una hora me despierto y me dirijo al baño. Sé que mi mente me está jugando chueco y distingo perfectamente que estoy en un sueño lúcido. Soy un onironauta nato. 
Lo malo es que cuando me doy cuenta que estoy en un sueño, pues siempre sucede lo que no quiero que pase. Ejemplo: estoy en una selva, y pienso: "oh no, por todo la decencia pavloviana, quiero evitar a toda costa recrear la imagen sutil de un Velociraptor Mongoliensis"... y que se sueltan los dinosaurios. Es como si te dijera que no pensaras en una vaca con manchas, pero inevitablemente lo haces porque visualizas lo que no debes visualizar, sucumbiendo catastroficamente ante una paradoja que me enferma (más aún que no funciona para fornicar).
Entonces como quiero evitar a toda costa que algo malo pase, algo malo pasa porque lo pienso y los sueños están construidos con la mente, que está llena de pensamientos. En fin. En esos momentos aplico mi recurso más eficiente para despertar del sueño; tallarme los ojos. Sí. Tallarme los ojos, aunque no es muy efectivo y tarda, pues lo hago casi casi por instinto. Me angustia pero siempre lo hago.

Entonces despierto y observo que aún está oscuro, aunque a punto de amanecer. Extrañamente mi madre está levantada y me dice que nos tenemos que ir rápido, porque ya están llegando los extraterrestres. Me asusto de oir tal titular en mis primeros minutos de conciencia. Corro a vestirme y de nuevo me doy cuenta de que sigo soñando. Pero por fin despierto. Volteo a ver hacia la ventana y parece está oscuro, con las luces de la calle pegando en mi techo. Volteo al otro lado y observo la puerta oscura detalladamente y ni un sólo ruido. Al fin estaba de nuevo en la realidad.
Una vez que estaba en mis cabales recuerdo las tareas pendientes y obviamente me doy cuenta de que todavía tengo tiempo para terminarlas. Me dispongo a levantarme. Mi cerebro manda la señal a mis extremidades de moverse, pero consigo un movimiento nulo. De nuevo lo hago y descubro mi ausencia de capacidad motora. ¡Me he vuelto retrasado mental y no puedo coordinar mis propios movimientos! Se dibuja en mi mente toda una historia de parálisis pero rapidamente caigo en cuenta de que sigo en el mismo puto sueño.

Para no hacerles tendido el cuento les informaré que en el mismo sueño me casé, repartí hostias a zombies, conocí a Steve Jobs, recibí un datacenter de Alienwares y me convertí en el primer presidente del mundo. Qué bonito sonaba "ya está preparado su desayuno favorito, su alteza plétora magnanimidad de todo conocimiento de Wikipedia ¿qué otra economía debemos desestabilizar hoy mientras aventamos a judíos desde los cazas sobre territorio iraquí y decimos que es culpa del calentamiento global?". Hasta que me dí cuenta que no era verdad y que iba en calzoncillos.

Pero totalmente escalofriante tratar de despertar una y otra vez en el mismo sueño. Fueron más o menos nueve veces que lo hice sin conseguir abrir los ojos en la realidad.

La última escena fue que estaba tan desesperado que recordé a los drogadictos que sufren ese trastorno y gritan mientras duermen para que los despierten. Así que grité. Grité y grité una y otra vez hasta desgarrarme la garganta para ver si alguien allá afuera de mi mente podía ir por mí a sacarme de ésa quasi-pesadilla.
En vista del éxito no obtenido desistí y me tumbé en mi pesadumbre cerebral.

Abro los ojos. Mismo cuarto, mismo escenario, misma posición. "No, no de nuevo" me digo a mí mismo y me llevo las manos al rostro. Sentí mis yemas de los dedos friccionando los vellos de las patillas. Real. Mucho. Demasiado. Pero no me dejé engañar de nuevo así que me levanté y descalzo pude percibir el frío del piso en mis pies. Doy un paso y las articulaciones tronando en la rotunda ausencia de sonido. Para asegurarme salí de mi cuarto y sí, ahí estaba, todo normal. El mosquitero encendido, los ronquidos a la distancia, mi propia respiración haciendo eco en mi cabeza. ¡Éxito! Estaba despierto. Esta vez si.

En verdad os digo, he tenido pesadillas horribles, pero este sueño les aseguro que es exasperante, agobiante, frustrante y horripilante. La incapacidad de poder despertar, de poder moverte como quieres, de poder vivir es un sentimiendo terrible. 
Recordé a Eluana Englaro, la italiana que estuvo 17 años en coma hasta que ultimamente le suspendieron la alimentación artifical. Ella se debió haber sentido así. Si yo, por hora y media que dormí, tuve una impresión tétrica, éso del coma tiene que ser totalmente fulgurante. Lo mismo con las personas con discapacidad motora. Mis condolencias.

Soñé que soñaba. Soñé que no podía despertar. Una apoplejía que nadie puede desear.

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