Día 2: no puedo revelar mi ubicación. La policía me busca. Yo no sabía que ella era la hija del gobernador. Pensé que era un tope. Un tope de esos con sonido que utilizan en Europa para indicarte que vas a exceso de velocidad. Pero no. Era esa tipa gritando debajo del carro.
Me arrepiento. Digo, por el chihuahua. ¿Por qué a esas viejas les da por perros pequeños? Nunca lo sabré. Nunca si siempre las termino arrollando.

En realidad no.
Ya fue mi segunda clase de manejo y no pasó absolutamente nada emocionante. Nada.
Pensé que manejar sería más divertido.

Aunque a juzgar por la cara del instructor, algo debo estar haciendo mal.


Estoy aprendiendo en un Jetta. Creo que es el único -para aprender- en Tabasco. A diferencia de las escuelas de manejo del DF y demás ciudades civilizadas, todas las de este pinche estado poseen un promedio de dos vochos sin doble volante o algún otro mecanismo de seguridad. En otras palabras, si algo sale mal y casualmente me abalanzo sobre una muchedumbre de perredistas, el único remedio del instructor será propinarme un buen gancho izquierdo. Dicen que así aprenden los hombres. Yo no.
El instructor tiene cara de tuitero. Lo juro. Es el twitter en carne viva. Si tuviera cuenta ya me imagino sus mensajes:
- "En el Jetta. Otro día de paseos gratis." 10:00 am from txt
- "Hoy terminó fulanito sus clases y le ayudé a sacar su permiso. Me siento culpable." 12:23 pm from txt
- "Osh, ya le toca su clase al @mgcamacho." 4:57 pm from txt
- "Este wey nomás no la hace. Le sigo diciendo que va bien." 5:28 pm from txt
- "¡NO MAMEN! Ya enloqueció. En la carretera rumbo #CiudaddelCarmen." 5:42 pm from txt
- "Hola, me llamo Menganito Pérez. Soy instructor de manejo. Quiero una ambulancia. Y a mi mamá." 8:14 pm from txt
Estos primeros días me lleva a manejar a unas calles sin tráfico. En el trayecto me contó cómo le enseña a manejar a la novia del hijo de no sé quién importante del gobierno y que la vieja es toda histérica. También de una tipa que según debe ir conmigo en la escuela, aunque no tengo ni puñetera idea, y que va después de mí.
Cuando llegamos al lugar, dio comienzo la clase. Pleno siglo XXI y aprendiendo en un maldito coche estándar. A la antigua. Que porque los automáticos nos hacen tontos. Como si los arquitectos dijeran que AutoCAD es para maricas. Creo.
Luego empezó con todo su rollo de que si las luces estacionarias, primera-segunda-tercera-cuarta-quinta y R de Rápido, la importancia de los espejos, etc. Pero finalmente y lo más trascendental: el clutch. EL CLUTCH. Alabado sea el clutch. Sacrifiquemos niños por el cutch. Sin el clutch, el carro se vuelve un juguete. El clutch es como los testículos del carro. Le da virilidad. Y hay que aplastarlo. Con fuerza.
Me repitió una y otra vez la vitalidad del clutch en cada uno de las fases del carro: encenderlo, ponerlo en movimiento, cambiar velocidad y frenar. Practicamente me voy a la mierda sin el clutch. Once and again, y después de decirme que si no lo presionaba rápido hasta el fondo para después soltarlo lentamente, lo más probable es que el auto explote y termine muerto o con quemaduras de tercer grado. Algo así.
Manejé ateniéndome explicitamente a sus pinches órdenes, así que si moría, era su total culpa.
Al poco rato sonó su celular. Amarillo, de esos que tienen todos los chavos modernos de ahora. El ringtone es "Nothing else matters" de Metallica. Seguidamente se la pasó tecleando en el celular. Definitivamente estaba tuiteando.
Entre los comentarios que me hacía a los cuales no podía responder concientemente por estar tan concentrado en mi labor, me preguntó si ya había visto Harry Potter 6. Yo le respondí que no, que me da igual. Lo único que dijo fue: "ni la veas". Ha de ser bien fanboy.
Una vez concluida la clase le cuestioné que qué tan mal iba. Aseveró algo así:
No vas mal.No tan mal.No tanto.Mejor me callo.*
Al final pude completar varias vueltas en el pequeño circuito sin mayor problema, excepto por las vueltas en U que al principio se me complicaron. Pude hacerlo. Pero con los nervios destrozados.
(Ah sí, lo olvidaba. Desconocemos nuestros nombres. Es el comienzo de una bonita amistad.)
Voy a soñar con el clutch.
*Ok, ésto no.
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